¿Cómo afrontar la osteoporosis?

¿Habéis visto Gravity? ¡Qué buena película nos ofreció Alfonso Cuarón este 2013! A pesar de lo mal que lo pasan los protagonistas en la película, considero a los astronautas unos priviegiados por poder ver la Tierra des del espacio, por tener la experiencia de estar fuera de nuestro planeta, poder pisar la Luna, experimentar la ingravidez…

Son sensaciones que tienen que ser únicas. Indescriptibles vivencias, aunque hayamos visto imágenes sobre ellas docenas de veces.

Aún así, tiene sus inconvenientes (esperemos que no tan dramáticos como los de la película). Las largas estancias en el espacio tienen la pérdida de masa muscular y ósea como una de sus consecuencias. Esta es debida a la falta de tensión muscular. La falta de una aceleración como lo es la Gravedad, que nos atraiga hacia el suelo, hace que nuestros músculos no tengan que responder a ella creando fuerzas.

Nuestro cuerpo es una de las máquinas más eficientes que existen encima de la capa terrestre. Cuando entrenamos bien, nuestros niveles de fuerza y de masa muscular aumentan. Cuando comemos más de lo que necesitamos, el cuerpo almacena y, por lo tanto, engorda. Si dejamos de comer, el cuerpo adelgaza y se debilita… Estas son muestras comunes de la gran capacidad de adaptación que tiene el cuerpo, y de su eficiencia para hacer frente a las situaciones con las que nos encontramos.

En el espacio sucede otra adaptación. A falta de fuerzas gravitacionales, el cuerpo pierde la necesidad de responder a ellas. Por lo que  nuestros músculos se adaptan a las nuevas condiciones y se debilitan respecto a los niveles de fuerza en la Tierra. Nuestros huesos cada vez sufren menos estímulos de tracción y compresión creados por nuestro sistema muscular, ya que no deben responder a estas fuerzas, habituales en la Tierra. Y, por consiguiente, también se debilitan.

Se dice que los astronautas pierden entre un 1 y un 2 por ciento de su masa ósea, por mes. Por lo que en un año en el espacio se puede perder más de un 20 por ciento de densidad en nuestro sistema esquelético. Por lo tanto, nuestros huesos se vuelven mucho más frágiles, pierden parte de su capacidad de tolerar fuerzas. Esto no es malo en sí mismo, ¡sencillamente se adaptan a la nueva situación en la que se encuentran! ¡Así son más ligeros! Lo malo viene cuando vuelven a la Tierra. Las adaptaciones que se han sufrido en 12 meses tienen que revertirse en unas horas, y eso no funciona así en el cuerpo humano…

Estos hechos no sólo afectan a los astronautas. También a las personas que vivimos en la Tierra nos afectan estas adaptaciones. Aunque aquí la Gravedad no nos abandone nunca (y esperemos que así siga), si nuestro organismo enferma y tenemos que quedarnos en cama durante algunas semanas, éste se va a adaptar perdiendo masa muscular y ósea.

De la misma manera, si la actividad física que realizamos disminuye conforme nos hacemos mayores, nuestro sistema locomotor va a adaptarse también a los nuevos requerimientos (estoy seguro que cada persona es capaz de recordar momentos en el pasado en los que nos hemos sentido más fuertes que en el presente). Por lo tanto, el hecho de tener unos huesos y músculos fuertes es, en gran medida, consecuencia del uso que les demos, de los estímulos que reciban.

Las personas mayores y las mujeres son estadísticamente, los que más padecen la osteoporosis. No es casual que sean, por lo general, las personas que menos actividad física realizan. Esta es la causa principal de dicha “enfermedad”.

Si somos capaces de entrenar periódicamente y poner nuestro sistema muscular y óseo bajo un estrés controlado y progresivo, éste se va adaptar aumentando su capacidad de recibir cargas. Es decir, vamos a tener unos huesos más fuertes.






Comparte Nuestro contenido