¿Donde está mi agilidad?




¿Cómo están físicamente vuestros padres? ¿Cómo llegaremos nosotros a su edad? ¿Cómo nos gustaría llegar? ¿Qué podemos hacer para alargar nuestra calidad de vida lo máximo posible?

De vez en cuando nos encontramos con casos excepcionales que nos maravillan por su poca frecuencia. Es el caso de la increíble Johanna Quaas de casi 90 años, o del recientemente fallecido Emiel Pauwels. Un ejemplo de estimación a la calidad de vida. ¿Qué hace a estos casos tan extraordinarios? Su constancia a la hora de trabajar su cuerpo. Se han cuidado toda su vida.

Durante el transcurso de nuestra vida, a menudo nos encontramos entumecidos, otras veces nos duelen las cervicales, otras es la rodilla la que nos molesta. Estos avisos que nos da el cuerpo, la mayoría de veces, nos los tomamos como inevitables y los imputamos a la edad. El hecho de tener menos movilidad conforme nos hacemos mayores, lo vemos como algo normal. Incluso en personas relativamente jóvenes!

La movilidad articular es una de las características de los niños. Es decir, muchos de nosotros, cuando más ágiles nos hemos sentido, ha sido cuando hemos sido niños.También es cuando más nos hemos movido, más hemos corrido, más hemos jugado y más hemos mantenido nuestro cuerpo activo. Y esperemos que las Playstations no lleguen nunca a cambiar este hecho!!!

Ésta es la clave de la cuestión. El trabajo muscular es el que permite mantener el control sobre nuestras articulaciones. Cuanto mejor control motor tengamos, de mejor calidad de vida vamos a disfrutar, y durante más tiempo. Y con control motor, me refiero a fuerza para mover nuestro cuerpo.

Un trabajo de fuerza bien planificado y estructurado es clave. Donde no abusemos de determinados ejercicios en detrimento de otros porque nos son más agradables en su realización. Donde el objetivo no sea incompatible con nuestra salud articular. Donde podamos centrarnos en determinadas actitudes corporales a las que hemos ido acostumbrando nuestro cuerpo durante años de diferentes actividades, ya sean deportivas (secuencias motrices repetititvas) o sedentarias (trabajo de despacho, por ejemplo).

Si queremos disfrutar de una buena salud física, que nos permita jugar un partido de tenis cuando nos venga en gana, salir a correr por la montaña, hacer nuestra clase de Pilates de la semana o bailar hasta altas horas de la noche, ¡el trabajo de fuerza será lo que más nos ayudará a conseguirlo!






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