Entrena como un hombre del paleolítico... si estás preparado

​Existe una corriente de entrenamiento (no diremos el nombre, aunque indagando un poco imaginaréis cuál es), cuya filosofía es la de imitar aquellos movimientos que nuestros antepasados eran capaces de hacer o que sucedían de manera cotidiana en aquella época. Nuestra filosofía no es la de criticar un método o ensalzarlo, simplemente creemos que un entrenador personal debe tener la capacidad de analizar diferentes estrategias y utilizarlas de manera inteligente.

Es cierto que genéticamente estamos capacitados para determinadas acciones. El problema surge cuando, a través de una vida sedentaria o alimentación inadecuada, nuestras articulaciones y músculos empiezan a perder esa capacidad que nuestros genes nos otorgan. Por lo tanto, pedir a una persona con obesidad o a una mujer de 60 años que realicen cargadas, levantamientos olímpicos, etc., puede ser una locura.

Antes de pensar en lo que nuestros antepasados eran capaces de hacer, sería más conveniente pensar qué es lo que nuestro cuerpo es capaz de hacer. Si cada individuo es diferente, ¿por qué nos empeñamos en forzar a todo el mundo a hacer lo mismo?

Seamos coherentes: sería ideal que todo mundo escalásemos, trepásemos, saltáramos... Pero no es así. Por mucho que nos empeñemos, cada persona tiene sus propios límites. Y ahí surge la frustración de muchas personas que ven cómo no son capaces de realizar una serie de tareas, se lesionan intentándolo, y terminan con un sentimiento de culpa de ver cómo han fallado.

Para terminar, queremos que esto quede en mente: no se trata de ser el más rápido, el más fuerte, o el más ágil; sino de ser lo más rápido, lo más fuerte y lo más ágil que nuestro cuerpo nos permita.






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