¿Está la clave en quemar más grasa?

Vivimos en la época de la lipidofobia: antes denostábamos las grasas, y ahora que empezamos a perder el miedo a consumirlas, nuestra obsesión está en quemarlas. Queremos lipólisis a todas horas. Nos metemos en internet, buscamos en libros... todo con la idea de aumentar la quema de grasas. Incluso nuestro entrenador personal nos lo mete en la cabeza. Pero quizás el problema de no perder peso no radique aquí.

Se ha visto en numerosas ocasiones que personas obesas tiene un grado alto de lipólisis. Es decir, no se trata de quemar más grasas, sino de que sean utilizadas como combustible por parte del tejido muscular y convertirlas en ATP. De lo contrario, todos esos ácidos grasos libres que están en el torrente sanguíneo volverán a ser captados por los adipocitos y serán reconvertidos a triglicéridos. Así de simple.

Aquí entra en juego la resistencia a la insulina. Para que esos ácidos grasos sean captados, necesitamos mejorar la sensibilidad a la insulina. Y para mejorar esto, entre otros factores, debemos mejorar la captación de glucosa por parte de la musculatura. Es decir, tenemos dos opciones: o mejoramos la captación de glucosa para que no sea convertida en ácidos grasos, o mejoramos la captación de ácidos grasos para que no sean devueltos a sus lugares de origen. Y en ambos casos, la resistencia a la insulina juega un papel clave.

¿Y qué factor puede mejorar ambas opciones? Efectivamente, el entrenamiento. Es quizás, junto con un control de la alimentación, la única herramienta conocida para mejorar la sensibilidad a la insulina. Por lo tanto, no se trata tanto de quemar más grasas, sino de que sean más eficientemente utilizadas.

Recordemos, entonces, que el entrenamiento es clave para mejorar la sensibilidad a la insulina. ¿Y qué mejor forma de ponerse en manos de buenos profesionales?






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