Progresando en la transición

Hace poco un conocido mío se apuntó al gimnasio y me preguntó que cuando podría “hacer bíceps” con la pesa de 36Kg. El día anterior estaba levantando la de 4Kg con más pena que gloria. Puede parecer que esté siendo un poco exagerado, pero mis compañeros de trabajo saben que estas cosas pasan, cuando la motivación inicial a la hora de empezar en el gimnasio es alta… Y el desconocimiento sobre el mundo del entrenamiento también.

Hay distintos factores que juegan dentro de nuestro mundo; uno de ellos es la constancia y la capacidad de trabajo, otro importantísimo es la genética, el descanso tiene mucho que decir en ello, la dieta… Pero a parte de estos que son los típicos tópicos que siempre se han usado (“train, eat, sleep”), dentro del apartado específico del entrenamiento, hay un tema clave: la progresión.

No se debería pretender pasar de un grado O de entrenamiento, a hacerlo 6 veces a la semana y realizando superseries, para más inri. De la misma forma, no se debe empezar a correr el día 1 de Enero y el día 2 ponerte a correr una maratón. Lo más probable es que, tanto en un campo como en el otro, acabes con una lesión y “pierdas” los progresos conseguidos durante los primeros meses (de hecho, es el mismo campo, el del entrenamiento y el refuerzo de nuestro sistema muscular).

El cuerpo necesita un período de adaptación a las cargas de trabajo, que los procesos de regeneración de tejidos una vez acabado el entrenamiento, tengan lugar. Que la coordinación neuromuscular mejore, que el soporte estructural se refuerce, que el sistema energético incremente sus prestaciones…

Pero os preguntaréis, ¿a qué viene todo esto? Esto viene a propósito de esta tendencia del calzado minimalista. Hace poco he empezado a colaborar con Ashi Sports y, hablando con ellos y mi compañero Edu, me decidí a escribir sobre su sector, el del calzado deportivo, concretamente sobre este tipo.

Bien pues, el hecho es que correr con este calzado es una sensación fantástica. Como correr casi descalzo. Sensación de libertad en tus pies, nada te aprieta, los dedos se pueden mover con facilidad, sientes el pavimento, notas cómo impactas contra el suelo y te impulsas contra él para poder desplazarte... Creo que es una sensación muy recomendable de experimentar…

PERO se tiene que tener en cuenta lo que he comentado en el primer párrafo (como casi siempre en la vida, tristemente, hay algún pero). No es recomendable que, si no hemos hecho una transición adecuada, es decir, un refuerzo específico de la musculatura de nuestras extremidades inferiores (como con sabia precaución aconsejan algunas marcas), nos pongamos a correr de la misma forma e intensidad como lo veníamos haciendo con nuestro calzado habitual.

Es imprescindible esta transición para obtener buenos resultados. Nuestros pies están acostumbrados a 20, 30, 40 o los años que sea que tengáis, a ir completamente “bloqueados” dentro de un calzado, quien sabe si, en el peor de los casos, demasiado rígido y en nula relación funcional con nuestro pie. Esto significa que un estímulo más allá del que están acostumbrados, puede ser un estrés muy superior al que pueden tolerar (como si quisiéramos empezar a “hacer bíceps” con la mancuerna de 36Kg el primer día de gimnasio).

Llegados a este punto, voy a explicar una experiencia personal de hace unos años, previa a mi entrada al mundo de la activación muscular. 

Hace unos años atrás me rompí la primera cuña del pie jugando a fútbol. Entonces, ya estaba estudiando y adentrándome en el mundo de la biomecánica dentro de Resistance Institute y me puse en las manos de Lucas Leal para hacer la recuperación. Por un lado yo iba reforzando toda la musculatura de la mejor manera que sabía, por el otro él me iba aplicando lo que, posteriormente, ha acabado convirtiéndose en MAT RX, el último avance en el mundo de la activación muscular y el refuerzo específico de la musculatura.

Ya que estaba en esta tesitura, me decidí a probar el calzado minimalista. Estaba realizando un esfuerzo especifico muy importante, por lo que di el paso. Y el hecho es que me fue muy bien. Hasta día de hoy no he sufrido ninguna lesión en mi tren inferior, sigo jugando a fútbol y no tengo ni el más mínimo recuerdo de los días en que tuve que ir enyesado. Lo que sí es cierto, es que sigo entrenando casi cada día de la semana, que no dejo que la pereza u otras “prioridades” (qué puede ser más prioritario que nuestra salud?) pasen delante de mi ración diaria de trabajo con resistencias.

Es imprescindible antes de aplicar al cuerpo cargas superiores a las que estamos habituados, que nuestra musculatura esté preparada para recibirlas. Que lo hagamos de manera controlada, por un experto si es posible, y que hagamos la progresión de la que antes hablaba, adecuada a nuestras características. De esto depende el resultado final, y el posterior rendimiento en las actividades que realizamos…. Y lo más importante, nuestra salud.






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